Cañas de bambú y conchas contra la crecida del mar en una isla de Filipinas
Durante años, los vecinos de la isla filipina de Pamarawan fueron elevando sus casas con capas de cemento para hacer frente a las inundaciones. Pero el agua continuaba siendo una amenaza, y decidieron optar por un método menos convencional: una barrera de bambú y conchas.
La pequeña isla de Pamarawan, al norte de Manila, es propensa a las inundaciones.
Ante las frecuentes marejadas ciclónicas y el aumento del nivel del mar, agravado por el cambio climático, sus 3.000 habitantes utilizaron postes de bambú y conchas de ostras para construir un rompeolas e intentar limitar las inundaciones.
Una opción original que ofrece una alternativa basada en la naturaleza, en un país sacudido por un escándalo multimillonario relacionado con proyectos de control de inundaciones con cemento de calidad deficiente.
"Cada vez que había tifones estábamos aterrorizados. No podíamos dormir", contó a la AFP Edgar Javier, un pescador, recordando cómo las olas derribaron una pared de cemento de su casa.
El proyecto, una primicia en el país, comenzó cuando el gobierno municipal de Malolos, donde se encuentra la isla, puso en marcha un estudio junto con una consultora neerlandesa de ingeniería.
Aunque en un primer momento parte de los funcionarios y habitantes se mostraron reticentes, pese a no tener ningún plan definido contra las inundaciones, el alcalde, Christian Natividad, consideró que "no tenían nada que perder".
"Era aceptar las inundaciones diarias o hacer algo diferente, asumiendo el riesgo", dijo.
- Reducir la fuerza de las olas -
En mayo de 2025, se empezaron a colocar postes de bambú y ramas a lo largo de la costa, con el objetivo de frenar el flujo de agua y retener sedimentos. A largo plazo, esto debería elevar el lecho marino y favorecer la formación de manglares.
Cuando los periodistas de la AFP visitaron la zona, se estaba construyendo un rompeolas a base de estacas de madera y sacos de fibra de coco llenos de conchas de ostras, a unos 100 metros de la orilla.
"El principal objetivo es reducir el impacto de las olas", explicó la directora del proyecto, Lyana Galang.
Durante años, el país dependió de diques y muros de contención de cemento, y muchos de ellos se construyeron sin los estudios adecuados, recordó por su parte el científico filipino Antonio Contreras.
"Alteramos tanto el medioambiente que tendemos a actuar en contra de la naturaleza, cuando deberíamos trabajar con ella", declaró. Algunos defectos de diseño, fruto de la corrupción, costaron vidas, señaló.
Con todo, Contreras matizó que las soluciones basadas en elementos de la naturaleza no funcionan siempre, sobre todo ante inundaciones catastróficas, y que deben complementar infraestructuras convencionales.
Según él, el plan aplicado en Pamarawan quizá pueda funcionar en otros lugares, siempre y cuando las condiciones ambientales lo permitan.
El alcalde, Natividad, indicó que las instalaciones de bambú y conchas, que abarcan unas 14 hectáreas, costaron 70 millones de pesos (1,1 millones de dólares), incluido el mantenimiento, menos que los 90 millones de pesos que habría costado un muro de contención de cemento.
Según el edil, el bambú se tendrá que reemplazar cada cinco años.
- Construir con la naturaleza -
Según Edgar Javier, los rompeolas redujeron la fuerza de las olas y ayudan a contener las inundaciones durante los tifones y las lluvias monzónicas.
Este sistema "marcó una enorme diferencia", sostuvo. "Todavía sentimos las olas pero se debilitaron considerablemente", agregó.
La eficacia del proyecto a largo plazo sigue siendo incierta.
El próximo año, se estudiará si se pueden empezar a plantar manglares, dijo el alcalde.
Sin embargo, el éxito del proyecto no se apreciará de verdad hasta la próxima década, recalcó Natividad. Para entonces, los sedimentos acumulados deberían estabilizar el lecho marino y permitir que crezcan los manglares y proporcionen otra barrera natural.
Vince Dizon, que estuvo al frente del Departamento de Obras Públicas antes de ser reasignado recientemente, espera que el proyecto de Pamarawan pueda replicarse en otras zonas.
"Tenemos que estudiarlo y aprender de quienes saben y ya lo hicieron correctamente, para no volver a desperdiciar fondos públicos", declaró a la prensa.
Para los habitantes, la prueba definitiva llegará cuando azoten los tifones y las lluvias monzónicas y comprueben si sus casas siguen en pie.
"Es difícil luchar contra el agua. Ahora intentamos convivir con ella", declaró Christian Natividad. "Construimos con la naturaleza".
(M.Boreen--TPT)